Introducción

Introducción

La crisis de la ideología burguesa y del anticomunismo

Se ha publicado un nuevo número del REVOLUTIONÄRER WEG (CAMINO REVOLUCIONARIO), el órgano teórico del MLPD, con el título La crisis de la ideología burguesa y del anticomunismo. El libro es una contribución del MLPD a la discusión internacional y se traduce también en diferentes idiomas. Publicamos aquí de antemano la Introducción como contribución mensual del MLPD para la ICOR.

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La nueva organización de la producción internacional, desde los años 1990, ha introducido una nueva fase histórica de transformación radical del capitalismo al socialismo. Entre 2008 y 2014 hizo estragos la crisis económica y financiera mundial, la más profunda en la historia del capitalismo hasta entonces. Hundió en una crisis profunda y amplia al conjunto del sistema imperialista mundial, incluyendo la producción internacionalizada y el comercio global. Esto desató cambios enormes en la superestructura del sistema imperialista mundial, tanto en la política como en la ideología.

Por todo el mundo las crisis económicas, políticas y ecológicas sacuden la confianza de cada vez más personas en el sistema social dominante. Ellas tienen que pagar las consecuencias del carácter de crisis de los países imperialistas y viven la miserable incapacidad de los sectores dominantes para resolver los problemas. Crecen las dudas de que algún día mejoren las condiciones, salvo que cambie algo decisivo. Se ha desencadenado la lucha por entender las causas de los empeoramientos, pero también sobre cuáles son los desarrollos alternativos posibles y aspirables. Cada vez más personas desean alternativas sociales, pero mucha gente todavía no tiene claridad sobre la meta y el camino.

La presión de la agudizada competencia imperialista atiza por todas partes la tendencia del capital financiero internacional, único dominante, hacia la dictadura abierta y la desembozada reacción agresiva hacia el interior y el exterior. Ha surgido y se desarrolla una derechización general de los gobiernos, los partidos burgueses, los medios de comunicación, la cultura, así como entre una parte de las masas.

En muchos países gobiernos ultrarreaccionarios, faschistoides o neofascistas, racistas, nacionalistas y chovinistas tomaron el mando o cambiaron su método de dominio: Trump en los EE.UU., Erdoğan en Turquía, Putin en Rusia, Modi en India, Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría, Kaczynski en Polonia o Johnson en Gran Bretaña.

Como característica particular estos gobiernos, en mayor o menor medida, pasan por alto el consenso de reglas internacionales entre los monopolios y los Estados imperialistas, e ignoran las leyes y costumbres democrático-burguesas válidas. Siguen una rigurosa orientación tras los intereses nacionales y ponen en cuestión pilares importantes de la democracia burguesa.

Desmantelan los derechos y libertades democráticos y aceleran la fascistización de los aparatos estatales y la militarización de la sociedad. Para esto promueven las organizaciones de carácter völkisch1 y fascistas y su propaganda. Paso a paso eliminan la protección todavía existente de las minorías y desmantelan el derecho a la fuga y al asilo. Restringen la independencia relativa de los tribunales, difunden "fake news"2 y atacan a la prensa liberal-burguesa. En mayor o menor medida pasan por encima de los parlamentos e instituciones de la democracia burguesa. Impulsan masivamente el aumento del armamento militar, atacan los derechos de la mujer conquistados en luchas y aceleran la destrucción de las bases naturales de la vida. Durante la pandemia del coronavirus minimizan el nuevo virus SARS-CoV-2, socavando, con su desprecio al ser humano, la necesaria protección de la salud. Ponen en riesgo la salud de la población y son responsables de muchos miles de muertos por el coronavirus que se hubieran podido evitar. Su directriz central es evitar al máximo todas las cargas graves de la vida económica, particularmente para la producción industrial de los monopolios internacionales que genera la ganancia máxima.

La China neoimperialista continúa embaucando al público mundial, de seguir siendo aún un país socialista. En el transcurso de su vertiginosa campaña de conquista en el mercado mundial, una parte creciente del capital financiero internacional descubrió que la democracia burguesa fuertemente restringida de China tiene muchas ventajas en la lucha competitiva frente a la democracia liberal del parlamentarismo burgués. Los monopolios coquetean con la posibilidad de tener acceso más inmediato y más rápido a todos los recursos del aparato estatal, de la producción y de los medios de comunicación masiva, y casi no tener que tomar en consideración las reglas democráticas, derechos y libertades de las masas, las leyes restrictivas o la crítica de los medios de comunicación masiva.

La derechización general fue intensificada mediante la crisis internacional de la política de refugiados de los países imperialistas, que se agudizó tremendamente en 2015 e hizo caer a la UE en una crisis abierta.

Las organizaciones transnacionales o globales, como la Unión Europea (UE), las Naciones Unidas (ONU), el pacto militar del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o también la Organización Mundial del Comercio (OMC) entraron en crisis abiertas. El cuestionamiento o la disolución de las reglas mundiales y las decisiones de la ONU, partiendo de los EE.UU., hizo caer a los países imperialistas y neoimperialistas en crisis económicas y políticas. Así, por ejemplo la abierta guerra comercial de EE.UU. con China, la anulación del acuerdo sobre armas nucleares con el Irán, la salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Acuerdo de París sobre el clima o la revocación unilateral de las decisiones de la ONU sobre la protección de los palestinos.

Esta política, sobre la base de la sobreacumulación crónica del capital, se convirtió en el factor desencadenante de una nueva crisis económica y financiera mundial a mediados de 2018. Crisis que se desplegó con todo ímpetu en interacción con la pandemia del coronavirus a comienzos de 2020 y aceleró un drástico descenso en el curso de la crisis en todo el mundo capitalista en una dimensión y amplitud hasta entonces desconocidas.

Surgieron nuevos focos de conflicto en las contradicciones interimperialistas, por el predominio en el mar de la China Meridional, en el Caribe, en el Cercano y Medio Oriente, en África del Norte y Central, en las anteriores repúblicas soviéticas o en el Mediterráneo Oriental. Surgió la amenaza de un enfrentamiento directo entre las grandes potencias imperialistas, con lo cual creció enormemente el peligro general de una Tercera Guerra Mundial.

La crisis ecológica global se agudiza crecientemente. Nuevos conocimientos y observaciones, principalmente especialmente sobre el calentamiento dramático del planeta así como destrucciones de nuevo tipo en la biosfera, llevaron a un despertar general de la conciencia ecológica de las masas a nivel mundial. Esto es también una reacción a la clara renuncia de toda la protección del medio ambiente por el anterior presidente de los EE.UU., Trump. En la juventud surgió un movimiento de resistencia por salvar el clima mundial, compuesto por millones de personas y coordinado transnacionalmente. Los monopolios internacionales dominantes cayeron cada vez más en el blanco de la lucha por salvar el medio ambiente de una catástrofe global.

El intensificado carácter de crisis del sistema imperialista mundial se refleja en la conciencia de las masas como polarización agudizada entre una tendencia reaccionaria, chovinista o fascistoide y un cambio progresista del estado de ánimo. La base de masas de la mayoría de los partidos burgueses tradicionales se está deshaciendo. En los distintos países la constitución del gobierno se vuelve cada vez más complicada.

El cambio progresista del estado de ánimo entre las masas se expresa en protestas espontáneas, manifestaciones, huelgas, levantamientos y protestas masivas semejantes a insurrecciones en cambiantes puntos candentes del mundo. La rebelión espontánea de las masas contra el dominio único de capital financiero internacional se realiza cada vez más frecuentemente bajo la influencia de fuerzas revolucionarias.

Particularmente la socialdemocracia entró en una larga y profunda crisis con la bancarrota del gobierno de Schröder/Fischer en 2005, lo que debilita sensiblemente al reformismo que emana de la misma. Por un lado, esto promueve sobre todo en el movimiento obrero, el camino hacia la ofensiva obrera y una influencia creciente del socialismo científico. Por otro lado, los partidos y movimientos nacionalistas, ultrareaccionarios, fascistas o fascistoides ganan crecientemente terreno con el apoyo de los sectores abiertamente reaccionarios de los medios burgueses de comunicación masiva: así ocurre con los partidos AfD en Alemania, "Rassemblement National" en Francia, AKP en Turquía, "Partido de la Libertad" (FPÖ) en Austria, los Republicanos bajo Trump en los EEUU o la "Lega" en Italia.

Además del anticomunismo moderno, ahora el anticomunismo abiertamente reaccionario vuelve a entrar cada vez más en la arena política. La lucha entre el anticomunismo y el socialismo científico se está agudizando en todos los ámbitos de la sociedad. Enfrentar exitosamente al anticomunismo en sus diversos matices se ha convertido ahora en la cuestión clave en la formación de la conciencia de las masas.

El agudizado carácter de crisis del sistema imperialista mundial también lleva a que la crisis latente de la ideología burguesa se presente cada vez más abiertamente. Desde los años 1990, o sea con el comienzo de la nueva organización de la producción internacional, el sistema social del modo de pensar pequeñoburgués se convirtió en la forma predominante de la ideología burguesa en los países capitalistas. Éste apunta a guiar el descontento creciente de las masas por carriles conformes al sistema.

Aparentemente, el modo de pensar pequeñoburgués hace suyas las opiniones, reivindicaciones, tradiciones, sentimientos y comportamientos solidarios de la clase obrera y de las amplias masas y su crítica social.

El sistema del modo de pensar pequeñoburgués todavía constituye el aspecto principal del método de gobierno en Alemania, porque los sectores dominantes quieren evitar en lo posible la agudización de la lucha de clases. Sin embargo, debido al carácter de crisis del sistema imperialista mundial y al procesamiento de las experiencias entre las masas, ha perdido efecto significativamente.

Esto es válido también para las tradicionales mentiras vitales del capitalismo monopolista de Estado, las cuales fueron construidas a duras penas por los sectores dominantes después de la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra el crecido campo socialista. Frases como "economía social de mercado", "Estado social", "política exterior pacífica", "Estado de derecho democrático-liberal", "igualdad de derechos entre el hombre y la mujer" o "compatibilidad entre ecología y economía" son cada vez más detestadas entre las masas porque sólo tienen poco o nada que ver con la realidad social. El sistema social capitalista pierde claramente su fuerza vinculante.

El núcleo del sistema del modo de pensar pequeñoburgués es el modo de pensar pequeñoburgués-anticomunista, el cual sirve de dique contra el socialismo científico y es alimentado por el anticomunismo moderno.

Éste se presenta como crítico al capitalismo, al mismo tiempo que desacredita la lucha por una sociedad socialista y los ideales del comunismo como "terror estalinista" o "maoísta", o la presenta como si no tuviera perspectiva. El anticomunismo moderno aprovecha demagógicamente las experiencias negativas de las masas con la traición al socialismo y con el capitalismo burocrático restaurado en los países ex-socialistas, así como con el fracasado proyecto revisionista del "socialismo del siglo 21" en América Latina. En su ayuda acuden los diferentes matices del revisionismo.

La respuesta reaccionaria a la crisis del sistema del modo de pensar pequeñoburgués es el renacimiento de las variantes reaccionarias de la ideología burguesa y su modificación para los tiempos actuales.

Hoy en día la lucha ideológica se desencadena tanto entre el capital monopolista internacional, único dominante, y el proletariado internacional, como también en el seno de la burguesía entre las fuerzas que se presentan como liberal-democráticas y la parte abiertamente reaccionaria de capital monopolista. Este desbarajuste ideológico complica enormemente la situación y atiza de manera extraordinaria la lucha entre los modos de pensar proletario y pequeñoburgués entre las masas.

La conciencia del movimiento obrero, popular, de mujeres y juvenil en general aún no está a la altura de las cada vez más complicadas condiciones sociales del imperialismo. Todavía les hace falta la orientación independiente y una concepción del mundo socialista que señale el camino. Esto los hace susceptibles a todo tipo de influencias oportunistas, reformistas, revisionistas, anarquistas o también socialchovinistas. Sin embargo, la influencia del modo de pensar pequeñoburgués anticomunista es actualmente la más fuerte.

El fracaso de la gestión de crisis durante la crisis económica y financiera mundial, que está en interacción con la pandemia de coronavirus, hizo surgir a mediados del año 2020 una tendencia acelerada al desarrollo de una crisis social global del sistema imperialista mundial. Sobre esta base por primera vez desde hace muchas décadas se puede desarrollar una crisis revolucionaria a escala mundial. Los monopolios internacionales, únicos dominantes, quieren impedir a toda costa tal desarrollo.

Los programas de crisis de los gobiernos imperialistas vuelcan drásticamente el peso de la crisis sobre las espaldas de la clase obrera y de las amplias masas. Al mismo tiempo también hacen concesiones para amortiguar la crisis, como las ayudas financieras transitorias para sostener las existencias pequeñoburguesas o los subsidios de desempleo parcial.

Al fin y al cabo los sectores dominantes están dispuestos a sofocar violentamente los movimientos revolucionarios. Esto lo subrayan con su lucha contra el "terrorismo", proclamada y coordinada a nivel internacional. La fascistización de sus aparatos estatales es la preparación práctica de la contrarrevolución.

La digitalización y la internet constituyen un avance histórico en el desarrollo de las fuerzas productivas. Impulsan hacia adelante la preparación material del socialismo. La internet facilita la comunicación transfronteriza de las masas, su acceso a las ciencias, la educación, los conocimientos técnicos, así como el intercambio cultural, y también ofrece importantes posibilidades de organización.

Sin embargo los monopolios dominantes han subordinado, entretanto, casi completamente la internet como nuevo método eficaz de influenciar a las masas. Mediante los "medios sociales" tienen acceso directo a los corazones y cerebros de las amplias masas, particularmente de la juventud. Los nuevos movimientos y partidos fascistas, völkisch y reaccionarios pudieron establecerse socialmente sobre todo mediante la internet y consolidar su influencia entre una parte creciente de las masas.

El cuento de que la internet fomenta sobre todo el proceso de formación independiente de la voluntad democrática forma parte de las modernas mentiras vitales del ejercicio de poder capitalista-monopolista. La internet transmite una abundancia de informaciones con una mezcla de ideas y métodos burgueses, pequeñoburgueses y proletarios que difícilmente se pueden entrever y reconocer espontáneamente. El modo de funcionamiento de los medios sociales, y la avalancha de informaciones superficiales y simplistas, deshabitúan de la reflexión profunda así como de leer libros y periódicos. Así se fomenta corto aliento intelectual, superficialidad, y un sentir y actuar marcado principalmente por lo emocional. La creciente inclinación de utilizar la internet para reunirse, construir redes o volverse dependiente únicamente de la internet al organizar acciones, expone imprudentemente a todos los implicados a la observación y al acceso del aparato estatal y sus servicios de inteligencia.

Sin una firme posición de clase proletaria, y un enfoque dialéctico-materialista de la complicada realidad social, sólo es posible una limitada orientación independiente de las masas.

A pesar de todos los daños que causan las corrientes burguesas y pequeñoburguesas en el pensar, sentir y actuar de las masas: ¡no son omnipotentes! No están en condiciones de atar sostenidamente las masas al capitalismo y extinguir el prestigio del socialismo. Al fin y al cabo las experiencias prácticas tienen mucho más peso –la creciente explotación y pobreza, el arruinamiento continuo de las existencias pequeñoburguesas o del pequeño campesinado, la destrucción dramática del medio ambiente, la creciente injusticia, la guerra y el peligro de guerra– así como el procesamiento de esas experiencias en medio de la polarización social.

Los sectores dominantes no pueden anular a su gusto las leyes inherentes objetivas de la sociedad capitalista. La lucha de clases de los obreros, la resistencia popular activa de las masas y la rebelión de la juventud se interponen una y otra vez en su camino. En consecuencia, presidentes o gobiernos reaccionarios fueron destituidos en las elecciones en Argentina, España, Italia, Austria, Irlanda, Ucrania, al igual que en los EE.UU. La gestión de crisis antihumana por Trump en los EE.UU. o Bolsonaro en Brasil, durante la crisis económica y financiera mundial y la pandemia del coronavirus, ha descompuesto sensiblemente la base de masas de estos fascistas detentadores del poder y dado aliento a la lucha del movimiento obrero, popular y juvenil. El cambio progresista del estado de ánimo entre las masas transita, tendencialmente, a un estado de ánimo anticapitalista.

Una parte considerable de las amplias masas todavía considera que la alternativa política consiste en partidos y concepciones socialdemócratas, pequeñoburgués-ecologistas, revisionistas o reformistas de izquierda. La base para ello es un modo de pensar pequeñoburgués que todavía afecta fuertemente.

De este modo, al interior del cambio progresista del estado de ánimo se desarrolla una viva lucha entre las diferentes variantes del modo de pensar pequeñoburgués y el modo de pensar proletario, entre el socialismo científico y la ideología burguesa con el anticomunismo como su núcleo.

Desde una posición defensiva, los sectores dominantes se enfrentan a la tendencia a la izquierda entre las masas con una nueva ofensiva del anticomunismo y reforzada represión de la teoría y práctica revolucionaria. Sin embargo, el gobierno y los servicios de inteligencia en Alemania no pudieron impedir el hecho de que el MLPD creció adoptando un nuevo papel en la sociedad entera y superó sostenidamente el aislamiento relativo causado por la burguesía. Esto pone en evidencia la incapacidad general de los sectores dominantes de hacer frente a la creciente influencia marxista-leninista entre las masas.

La misma religión estatal del anticomunismo está en crisis. Durante décadas igualar maliciosamente izquierda y derecha, fascismo y comunismo, valía como consenso obvio de la sociedad burguesa. Pero esto ha caído cada vez más en la crítica y, entretanto, una parte creciente de la población lo pone en cuestión.

Los marxistas-leninistas deben responder a la actual culminación social con una ofensiva ideológica del socialismo científico. Ellos tienen que llevar a cabo la lucha contra el anticomunismo entre una masa continuamente creciente de personas y conjuntamente con ellas. Esta lucha ideológica es una indispensable batalla preliminar de la revolución socialista internacional.

La doctrina del modo de pensar es un navegador seguro en esta desplegada lucha social por el modo de pensar. Su punto de partida ideológico es el escrito de Lenin Materialismo y empiriocriticismo. Allí Lenin contrapuso la teoría marxista-leninista coherente y el método dialéctico-materialista del socialismo científico, a la afirmación engañosa de los teóricos pequeñoburgueses de entonces de que se podría unir el materialismo y el idealismo.

Desde principios de los años 1990 el método y la práctica usual de los gobiernos y de todos los partidos burgueses, incluyendo los "Verdes" y del partido "DIE LINKE" (La Izquierda), consistió en justificar el sistema imperialista mundial sacudido por las crisis como "sin alternativa", "reformable" y "todavía el mejor de todos los sistemas". Se inventó y modificó todo tipo de terminología destinada a disimular el carácter de clase, las fuerzas que actúan en la sociedad y el carácter de crisis general. La terrible confusión ideológica divulgada por los sectores dominantes entre la clase obrera y las masas, debe ser resuelta. La clase obrera sólo puede tomar con éxito el camino de la lucha para liberarse de la explotación y opresión en una sociedad socialista, si se enfrenta exitosamente a todas las diversas facetas del modo de pensar pequeñoburgués y a todas las variantes del anticomunismo, si conquista ideológicamente la victoria del socialismo científico sobre la ideología burguesa.

Esto es posible sobre todo con el método de la polémica científica en unión con el trabajo de hormiga sistemático de los marxistas-leninistas y experiencias de lucha personales. La polémica científica pone en evidencia el antagonismo real entre capitalismo y socialismo, entre la clase obrera y el capital monopolista, entre la ideología burguesa y la proletaria, entre el modo de pensar pequeñoburgués y el proletario. Nombra las cosas por su nombre, expone con toda profundidad y sin rodeos las existentes divergencias de opinión y las procesa hasta una decisión. Se basa en un análisis concreto de la lucha por el modo de pensar. En ese proceso es creadora y siempre se distingue por un avance del conocimiento en favor del socialismo científico. Precisamente en tiempos de culminación social y efervescencia revolucionaria se vuelve una necesidad del momento.

Sin duda el movimiento marxista-leninista y obrero internacional ha superado su punto más bajo después de la traición revisionista al socialismo. Se encuentra en una fase de nueva construcción, del fortalecimiento, así como de la cooperación, coordinación y unificación de sus fuerzas más allá de las fronteras nacionales.

Pero a pesar de todos los avances importantes, los partidos y organizaciones revolucionarios todavía están definitivamente demasiado débiles. Por tanto, es demasiado grande la confusión que los sectores dominantes hasta ahora pueden causar entre las masas.

La importancia social del movimiento marxista-leninista y obrero internacional reside hoy en día sobre todo en su potencial revolucionario. Sobre la base del carácter de crisis general del imperialismo, y del trabajo de concientización entre la clase obrera y las amplias masas, este potencial puede desarrollarse hacia una crisis revolucionaria y lo hará.

Con los libros Crepúsculo de los dioses sobre el "nuevo orden mundial", así como Aurora de la revolución socialista internacional y ¡Alarma de catástrofe! ¿Qué hacer contra la destrucción deliberada de la unidad entre el ser humano y la naturaleza? el MLPD sentó importantes bases para esa ofensiva ideológica. Ellos contienen el análisis de la nueva organización de la producción capitalista internacional como nueva fase del imperialismo y de la preparación material del socialismo, así como conclusiones para la estrategia y táctica de la revolución socialista internacional.

Este procesamiento ideológico-político, tanto de los nuevos fenómenos y cambios esenciales en el sistema imperialista mundial como también de su superación revolucionaria, debe ser completado ahora con el aspecto ideológico. A este propósito sirven los cuatro números del escrito La crisis de la ideología burguesa y la doctrina del modo de pensar de la serie REVOLUTIONÄRER WEG (CAMINO REVOLUCIONARIO) números 36 a 39.

Publicamos este primer número 36 La crisis de la ideología burguesa y del anticomunismo y, luego, paso a paso, los demás tres números. Esto se debe a la dimensión del análisis y sigue la consideración de facilitar el procesamiento y mejorar la difusión.

Se necesitan muchos colaboradores para trabajar el extenso material en un tiempo razonable y con la cualidad necesaria. La Redacción da las gracias a todas y todos los colaboradores, en particular a Monika Gärtner-Engel y Gabi Fechtner que contribuyeron esencialmente al acabado del manuscrito.

El amplio análisis teórico de la lucha de clases de hoy, en el terreno ideológico, constituye un gran desafío a la sabiduría colectiva del MLPD. Sólo se puede resolver de manera positiva en estrecha interacción con la participación práctica en la lucha de clases, el procesamiento de las experiencias del movimiento marxista-leninista y obrero internacional, así como mediante la aplicación consciente del método dialéctico sobre la base de la doctrina del modo de pensar y del pensar sistémico.

Stefan Engel, abril de 2021